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martes, 11 de agosto de 2020

Geovanny Pérez López: mirar la abogacía desde los derechos humanos

 


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Zurya Escamilla Díaz (agosto, 2020) A pesar de que cada vez son más mujeres quienes egresan de las carreras en derecho, el ejercicio de la abogacía aún involucra a un mayor número de hombres; así lo muestran las estadísticas del Observatorio Laboral.

Éstas indican que, de las 798 mil 407 personas dedicadas a esta profesión, 59.9 por ciento son hombres y 40.1 por ciento, mujeres. 

Al acercarse a espacios de toma decisiones, la brecha se hace aún más evidente en la integración de barras y colegios de abogados, cargos públicos o privados; así lo refiere Geovanny Pérez López, quien desde muy joven estuvo segura de que el derecho sería el camino que elegiría para su vida profesional.

En este trayecto, ha descubierto que la tardía participación de las mujeres en esta profesión ha impactado a todo el sistema jurídico en desventaja para ellas y aunque ya se han logrado avances para disminuir las brechas de desigualdad, discriminación y violencia para que puedan hacer uso pleno de sus derechos, el camino por recorrer aún es largo.

“Litigo desde que era estudiante en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la UATx, de donde soy egresada. Uno de los primeros asuntos fue un amparo cuando iba en sexto semestre y a partir de ahí empecé a hacer prácticas, voluntariado, colaboraciones en procuraduría, en el juzgado del distrito judicial de Hidalgo. Entonces, empecé a litigar así desde estudiante, pero ya de manera independiente, con cédula a partir de 2007 cuando egreso de la facultad”, comenta.

¿Por qué elegiste estudiar derecho?

Desde la preparatoria me interesaban mucho los temas relacionados al derecho y empecé a darme cuenta de que tenía habilidades. Yo no miraba lo complicado que podría ser, más bien pensaba en poder construir un mundo mejor, ayudar a la gente, resolver dudas sobre asuntos complicado porque, además, veía cuestiones del ámbito familiar cercano y veía que era muy necesario contar con un abogado o abogada para resolverlos. Por eso me empezó a interesar. Postulé y me quedé.

¿En qué momento empezaste a combinarlo con el activismo?

Fue algo casual. Yo me dedicaba litigio y en algún momento trabajaba en el servicio público, pero de pronto encontré convocatorias. de dos organizaciones que solicitaban abogadas o abogados.

 Postulé como a cualquier otro trabajo, no sabía realmente a qué se dedicaban las organizaciones civiles, no había escuchado cuál era su trabajo, pero me dediqué a investigar qué hacen y me llamó la atención. Me quedé en una de esas organizaciones civiles en el año 2012. Y así empiezo a involucrarme en el trabajo de las asociaciones civiles, veo me gusta y que también tengo aspiraciones personales, no materiales, porque realmente dentro de ellas el trabajo lo haces por vocación y porque de verdad contribuyes a que haya una mejora en el entorno cercano y en el colectivo. Me empecé a dar cuenta de que había otras formas de ejercer el derecho y me gustó.

¿En qué momento lo empezaste a asumir desde la perspectiva de género y desde el feminismo?

Me parece que el trabajo que hacían las compañeras y los compañeros dentro del colectivo impulsó a que empezara a mirar que era necesario y urgente tener otra visión y empecé a capacitarme y a involucrarme en la dinámica de la organización, a darme cuenta del impacto e importancia del trabajo por el cambio que genera en la sociedad.

Empecé a reflexionar sobre qué estaba haciendo desde mi formación en abogacía y eso me llevó a preguntarme cómo había sido construida y formada para ejercer esta actividad, empecé a comparar procesos de mi entorno, a cuestionarme también a mí misma.

Pude cambiar mi mirada a través del acompañamiento de muchas mujeres que me compartieron sus saberes y que me dieron un punto de vista feminista. También me di cuenta de que ése era el camino que iba a elegir.

Entonces podríamos decir que a partir del 2013 empiezo a mirar desde otra visión, a cuestionarme y a elegir el camino del feminismo. Esto involucra también la perspectiva de género, los derechos humanos y mirar las realidades.

Al atender casos de violencia, ¿qué te parece lo más complicado?

Hay muchas porque se existen obstáculos estructurales desde las propias instituciones, por las personas que atienden, incluso desde la misma ley, por contenidos que son discriminatorios. También tiene mucho que ver la cultura de la sociedad sobre cómo debe ser el acceso a la justicia y cómo deben ser las y los abogados porque una de las cosas que de pronto te das cuenta es que el serlo también te da cierto poder por el conocimiento que tienes, por el estatus que se etiqueta a nuestra profesión respecto a otras.

Eso también te hace no mirar a profundidad lo que realmente sucede en los diferentes contextos, por eso si tú no tienes una mirada desde la perspectiva de género o de los derechos humanos, terminas por contribuir a las mismas prácticas discriminatorias que obstaculizan el acceso a la justicia.

Entonces, tener esa mirada te permite brincar esos obstáculos para que realmente busques un acceso a la justicia y puedas ejercer una abogacía desde el punto de vista ético porque también hay muchos factores que influyen como la corrupción o las influencias. Incluso, una de las cuestiones que a mí me ha tocado pasar a veces, es que a los mismos abogados y abogadas les ponen etiquetas dependiendo de la materia que trabajan o en la que se especializan.

Por ejemplo, se piensa que los abogados o las abogadas en materia familiar no son tan rudos en comparación con quienes están en materia penal y eso tiene un impacto muy fuerte en cuanto al litigio porque no te miran de la misma manera si trabajas en una materia o en otra.

Hemos comentado sobre lo peligroso que puede ser hacer activismo. Tus seres queridos ¿cómo toman tu trabajo?

Pues trato de no involucrar tanto a mi familia justo por ese riesgo que implica. Sin embargo, me parece que ellos lo toman de una forma positiva porque miran que hay abogados y abogadas diferentes que contribuyen realmente a cambios y que buscan romper paradigmas, muchos machistas dentro de la profesión. Sobre todo, que dan aliento o esperanza a quienes están en busca de justicia.

¿Hay algún momento en el que hayas pensado parar?

Sí, en algún momento decidí retirarme un poco por cuestiones de riesgo, tanto en la salud como en lo físico porque sí tuve algunos eventos que constituyeron un riesgo a mi integridad. También por el hecho de tener amenazas por parte de quienes son violentadores (cuando defiendes asuntos de violencia familiar) o por personas de la parte contraria.

Muchas veces, cuando ganas un asunto, la contraparte no queda satisfecha, lo toman personal y ya no sólo es el asunto que nos confronta, sino que te miren mal ellos u otras personas que ni siquiera conoces, pero que tienen que ver con ellos. Eso puede ser motivo de que te miren mal, te amenacen o incluso pueden hacerte propuestas para dejar cierto asunto o no hacer ciertas cosas.

Precisamente, ¿cómo haces para lidiar con los abogados o abogadas que no se conducen con ética?

Después de tantos años en el ejercicio te vas dando cuenta e identificas quiénes son las personas que ejercen de manera no ética la profesión y quiénes también se aprovechan de la abogacía para tener un beneficio personal, incluso político o económico, y eso es muy complejo porque en la búsqueda de conducirte con ética puedes ser víctima de difamación, justo porque no tratas de tener alguna ventaja personal, sino beneficiar a la persona que busca tu servicio y acceso a la justicia, lo que no le parece a la contraparte porque no caes en la corrupción.

Por eso, pretenden echarte tierra y al trabajo que haces, pero el respaldo de los años que tienes en el servicio, los asuntos y las respuestas a las necesidades de las personas es lo que ayuda a que sigas en el camino.

También es muy difícil porque he escuchado comentarios cuando litigaba en materia penal y abogados decían que las abogadas no deberían estar en esos asuntos tan peligrosos porque son para hombres y que les quitan el trabajo a otras o a otros. Son varias cosas, no sólo la corrupción, sino el cómo se relaciona y se convive dentro de la misma de profesión con otros.

A mí me parece un tema interesante porque pareciera veces que entre abogados y abogadas resalta mucho la rivalidad, el ego, el quién sabe más, quién tiene más influencias, aunque debería ser al revés, porque justo uno de los objetivos de la abogacía es el servir a la ciudadanía, apoyar en las necesidades y acercar o facilitar el camino para la justicia. Sin embargo, es muy complejo que pueda haber realmente amistad o redes de apoyo entre abogadas y abogados justo por eso.

Estamos impulsando una red de abogadas en el estado, así como hay en otros estados, a nivel nacional e internacional; porque es muy complejo el poder hacer redes entre abogados y abogadas Y pareciera que es más factible sólo entre ellas o sólo entre ellos.

Justamente, ¿encuentras desigualdades en tu ejercicio? ¿De qué tipo?

Yo creo que hay desigualdades en el sentido de los espacios que ocupan mujeres que son abogadas en el ámbito público y también en el ámbito privado. Son reducidos, normalmente los hombres están al frente de firmas e incluso de instituciones que se dedican a la enseñanza del derecho.

En muchos espacios públicos, políticos, en su mayoría son hombres. Es cierto que ha habido un avance, pero todavía seguimos encontrando espacios donde no hay muchas juezas o magistradas. Sabemos que ha habido presidentas del Tribunal Superior de Justicia, pero si lo analizamos a partir de la historia de Tlaxcala, el papel de las mujeres en la abogacía ha sido limitado, sobre todo en puestos de toma de decisiones.

¿Cuál dirías tú que es el rol de la mujer en la abogacía?

Creo que el rol de las mujeres es importante en cualquier espacio, al igual que el de los compañeros hombres; sin embargo, históricamente a las mujeres les ha costado más incluso el reconocimiento de sus propios derechos.

Entonces, al incursionar a través de la educación y luego al ejercicio de la abogacía como profesión que antes era exclusiva de hombres, las mujeres entramos tarde a la formación para ser abogadas. Eso implica un impacto en la creación de leyes, de quiénes forman parte de la estructura del Estado.

Nos damos cuenta de que la base de todo el aspecto legal proviene de las miradas de los hombres. Por ejemplo, la Constitución se construyó a partir de los conocimientos y de las necesidades de los hombres, porque eran los abogados quienes las impulsaban, formaban los congresos, aprobaban leyes y juzgaban a las personas.

Por eso hemos tenido que trabajar a partir desde lo masculino que no visibiliza a las mujeres en la ley. Siempre se aborda “ciudadanos”, los derechos de los “ciudadanos” y no habla de “ciudadanas”. Me parece que este llegar tarde no impacta solamente a la estructura del Estado, es una desventaja para las mujeres al momento de ser juzgadas.

Podemos darnos cuenta de cómo las cárceles son diferentes en cuanto a la estructura y a lo que hay dentro. Los hombres tienen cárceles más amplias, esto tiene que ver con la población y porque es menor la cantidad de mujeres que delinquen. Pero con ellos hay talleres más grandes para la capacitación y el empleo, así nos damos cuenta de que estas cárceles se construyen a partir de las necesidades de los hombres.

Mientras que las mujeres están aisladas en un espacio pequeño, aquí en Tlaxcala no hay talleres tan grandes, los que hay son para bisutería o costura. Desde una visión feminista, desde la perspectiva de género y los derechos humanos, esto da cuenta de cómo impacta a las mujeres la forma en que son juzgadas y del acceso a sus derechos incluso en reclusión.

También a quienes buscan el acceso a la justicia, pues se encuentran con leyes discriminatorias que tienen una base en lo masculino que implica que las señalen o culpen al momento de solicitar un trámite de custodia, pensión alimenticia o divorcio porque todavía se tiene esta cultura machista.

Antes de la reforma en materia de divorcio, las mujeres tenían que demostrar por qué querían separarse. Con la modificación de la ley y gracias a los movimientos también de muchas defensoras y defensores de derechos humanos es que se está tratando de modificar esa visión; por lo que podemos hablar de un avance, ya que las mujeres ya no necesitan decir por qué no quieren estar con una persona.

Ahora, estamos brindando asesoría gratuita porque una de las cuestiones de la abogacía en estos tiempos de pandemia debería ser el brindar servicios gratuitos, lo que muchos están haciendo en otros estados para que la gente sepa qué hacer. Porque en esta coyuntura económica, no tienen para pagar una asesoría con un abogado o una abogada y muchos no están abiertos a estas actividades.

Es cierto que se vuelve más complejo llevar un litigio, aunado a que los procesos y trámites no están digitalizados. En este sentido, también tenemos un pendiente a nivel Estatal.

Me gusta dar talleres, estar involucrada en procesos de capacitación y de formación con servidores y servidoras públicos, brindar atención a las personas que lo solicitan.

Me gusta compartir los conocimientos adquiridos por diferentes procesos y espacios donde me he desarrollado como abogada. Con todo esto, es necesario que podamos actualizarnos, porque la cuestión de la tecnología también va a impactar mucho nuestro ejercicio:  cómo se van a llevar futuras audiencias virtuales, cómo se notificará a las partes, cómo vas a contactar a la gente, cómo te van a contactar a ti.

También me gusta mucho colaborar con otras organizaciones. Cuando me empezó a gustar esta parte del derecho desde lo social, desde la visión feminista, empecé a tener más compañeras que hacen litigio desde esta visión y que desde las organizaciones están brindando acompañamiento a quieres está en condiciones de vulnerabilidad.

Finalmente, para ti, ¿qué es lo más importante al momento de ejercer tu labor?

 Creo que es la honestidad, el escuchar, el entender la situación y la condición en la que se encuentran. Cuando se trata de mujeres, hay que mirar las desventajas históricas y los roles que juegan en esta sociedad, porque todavía tenemos una sociedad muy machista. Se trata de mirar el camino de acceso a la justicia en condiciones de igualdad.

Por eso la comunicación es muy importante. Una de las cosas que siempre trato es decirles, de manera honesta, cuáles son las alternativas, si es que las hay, para que ellas puedan decidir. No es una cuestión de que yo como abogada te digo qué es lo que se va a hacer porque creo que es lo que le conviene.

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