Editorial
El estrés hídrico que afecta a Tlaxcala no es un tema nuevo, sino una advertencia que desde hace décadas pesa sobre una entidad que si bien es pequeña en territorio tiene zonas de imporante densidad poblacional y por tanto la escasez de agua es un problema no solo ambiental, sino político y social.
Así lo deja ver la inconformidad de vecinos de Ocotlán con la gestión de un pozo que en dos años de habilitado no tiene la certeza que será para su beneficio; pero también de vecinos de San Pedro Ecatepec en Atlangatepec e incluso de Guadalupe Ixcotla, Chiautempan, por proyectos que no solo amenazan la calidad del recurso, sino su abasto que ya no solo será para las viviendas, sino para la operación de complejos.
Ahora y después, la gestión del agua tanto para el consumo humano como para la subsistencia de los ecosistemas que tiene Tlaxcala debe ser un tema de prioritaria preocupación de las autoridades y para toda la población.
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