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martes, 30 de junio de 2020

Cirilo Rivera: masculinidades alternativas para una vida libre de violencia


Zurya Escamilla Díaz (junio 2020) En la búsqueda de una sociedad libre de violencia, se ha planteado la necesidad de cambiar algunas formas en las que nos concebimos como seres humanos en nuestra relación con otros e incluso con nosotros mismos.

El tema de las masculinidades es uno de ellos, sobre éste trabaja el doctor Cirilo Rivera García, quien desde hace varios años trabaja estos temas que comparte con sus alumnos de la maestría en estudios de género de la Facultad de Trabajo Social, Psicología y Sociología de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UATx) y de la Escuela Libre de Psicología en Puebla.

Esta labor docente la alterna con terapias y talleres para hombres cuya finalidad es trabajar sobre las violencias que ejercen en su entorno, reconocer su vulnerabilidad y la importancia del autocuidado.
Hace ocho años que tiene un proyecto de radio denominado “Varones en la intimidad”, cuyo objetivo “es transmitir contenidos desde la perspectiva género, desde la perspectiva feminista en los estudios de género, enfocado a las masculinidades”.

¿Qué son las nuevas masculinidades, las masculinidades alternativas y cuál es el propósito de trabajar sobre ellas?
Las nuevas masculinidades es un concepto que se fue acuñando poco a poco, surge porque se conocían unos modelos tradicionales de la masculinidad que es la machista, patriarcal y conocida en proceso teórico como masculinidad hegemónica; es decir, la que mantiene el control, el poder, se vuelve como un ideal y esto lo dice Raewyn Connell. 
Él dice que hay muchas formas de expresar la masculinidad: la autoritaria, una cómplice en la cual los hombres generamos complicidad con otros hombres, una en la que se somete; pero también hay hombres que no quieren este tipo de modelos y él dice que éstas son las masculinidades marginadas que como no responden al modelo patriarcal y machista, son excluidas.
De ahí se retoma el concepto de las nuevas masculinidades, para romper el modelo tradicional de ser hombre machista y buscar otras formas o expresiones en donde vivamos sanamente, con autocuidado, con el cuidado de la familia, en los trabajos, la no violencia en las calles, etcétera.
Algo que, en lo personal, no me gusta mucho del concepto de nuevas masculinidades (y no porque estén mal) es que pueden generar neomachismos. Es como decir “yo soy un hombre solidario” porque ayudo en casa. Por eso damos por hecho que ya cambiamos, pero nos apropiamos de esos lugares. Entonces hay que tener mucho cuidado.
Me gustan más las masculinidades alternativas o disidentes del modelo machista porque no se buscan los protagonismos; se busca actuar con justicia, equidad, cultura de paz, no violencia, una cultura en donde se respeten los derechos de las mujeres sobre sus vidas. Podemos disentir, pero eso no me pone en un lugar de privilegio. 
Es renunciar a ese lugar de privilegio que la cultura me ha dado por el hecho de haber nacido hombre, ser el hijo más chico o el más grande, ser quien gana más, el problema no es que gane más, sino lo que hago con todo eso.

Dr. Cirilo Rivera García
¿Cómo afecta el modelo de masculinidades hegemónicas el desarrollo de la sociedad y cómo las nuevas masculinidades abonan a generar un cambio en ella?
La cultura machista en la cual los hombres aprendimos identidades masculinas patriarcales, a ejercer el control o el poder y la violencia desde la más extrema como es el feminicidio hasta la más el chantaje, la manipulación, el control de los recursos de la pareja.
El “no te vistas así”, discursos como “se fue con el novio” o “quieren igualdad que carguen lo mismo que yo”, “cómo no las van a acosar si mira cómo se visten” ... Todo este tipo de narrativas tienen que ver con esa cultura machista y lo que hacen es menospreciar la vida de las mujeres, ponerlas como las responsables de la violencia, del acoso, hacerlas responsables del trabajo doméstico.
Si bien es cierto han cambiado algunas cosas, el día del padre vemos cuáles son los mensajes para regalar al papá, mientras que en el día de la madre se siguen regalando utensilios de cocina, electrodomésticos o cosas para lavar. 
Se mantiene la división social del trabajo desde una perspectiva muy patriarcal. Entonces el modelo cultural machista, hegemónico de las masculinidades va a tratar de mantener su control sobre las mujeres y otros hombres que no se parezcan a ellos.
De este modo, vamos a encontrar rasgos como la homofobia, lesbofobia, transfobia, bifobia, misoginia. Algunos dirán “yo no soy así”, su discurso es “yo no soy homofóbico, pero que no se me acerque”, es más que obvio, o “yo no soy machista, pero que las mujeres no quieran competir con los hombres”. Es muy sutil lo que se dice y en el fondo es mantener la estructura del poder desde la identidad masculina. 
En las nuevas masculinidades, disidentes o alternativas, lo que se busca es salir de los discursos, de conductas, de actitudes. Es aprender a relacionarnos sanamente, aprender a compartir nuestra vida con las compañeras y compañeros. 
En la identidad machista tenemos la falacia de que los hombres no lloran o que tenemos que aguantar. En las nuevas masculinidades es reconocernos como personas que tenemos emociones como tristeza, miedo y que podemos aprender a convivir con ellas porque es parte de nosotros.
Mientras que en las otras se reprime, en ésta es aprender a reconocer esto sin necesidad de ejercer violencia. 

En lo personal, a los hombres ¿cómo les afecta este modelo tradicional y cómo les beneficia salir del machismo?
Hay estudios, uno de ellos muy reconocido que indica cómo nos afecta el seguirnos aguantando. Los hombres somos factor de riesgo, no lo digo yo lo dicen investigaciones de otros compañeros, entre ellos Benno de Keizjer, investigador de la Universidad Veracruzana que tiene un texto que se llama “Hasta que el cuerpo aguante”. 
En él te dice cómo los hombres, a partir de esta cultura machista, queremos aguantar todo: el peso de un mueble, nuestra vida emocional, si estoy enfermo me aguanto no pasa nada con un tecito ya se acabó. 
Si nos damos cuenta en este contexto de confinamiento, el COVID-19 nos vino a detectar un problema de salud pública en donde los hombres jugamos un factor de riesgo impresionante.
¿Quiénes se están muriendo más por COVID? Los hombres porque no nos cuidamos, porque estamos en prácticas de riesgo: “borracho manejo mejor, no pasa nada”, “cómo voy a ser diabético, eso nada más les pasa a unos”; es decir lo vemos ajeno a nosotros y por tanto no hay autocuidado.
En las masculinidades hegemónicas nos enseñan a no cuidarnos y a ejercer violencia contra uno mismo. ¿A qué me refiero? Cuando no cuido mi salud, cuando no expreso sanamente mis emociones, cuando resuelvo mis  conflictos con violencia como el “qué me ves” y voy a pelear con la otra persona y si trae una pistola, pierdo la vida ¿por qué? Por el machismo, el machismo mata, nos matamos entre nosotros por él.
Todo esto tiene consecuencias impresionantes en los hombres. Los problemas cardiovasculares los vivimos un poco más los hombres, no significa que minimicemos que pase a las mujeres. Estamos en constante tensión en el trabajo, en las relaciones de familia, con nosotros mismos, cuando no sabemos qué hacer se va al cuerpo, a las emociones, y todo con tal de mantener esa masculinidad hegemónica.

¿En qué beneficia una nueva masculinidad o una masculinidad alternativa? 
En que reconocemos nuestra vulnerabilidad, los hombres somos vulnerables y eso nos invita a generar autocuidado, nos invita a relacionarnos.
Como papá, el cómo mostrar una paternidad más integral, emocional con participación en la casa; es decir, compartir el trabajo doméstico, que nos vean como autosuficientes y no para que nos pongan en un nicho y nos prendan una veladora, sino para que las niñas y los niños aprendan que también podemos hacerlo.
Si mostramos esto a los niños y niñas, aprenderán que las mujeres merecen un trato digno y de respeto y que el machismo afecta su vida. Hay otras formas más saludables de relacionarnos, generar diálogos, una convivencia saludable.
Tenemos la campaña nacional con la “Red de cómplices por la igualdad” en la que se promueve la sana convivencia, el que en esta contingencia el cuidarse hace la diferencia. Es un mensaje para nosotros como hombres, saber cómo vamos a llevar nuestra vida de pareja, con la familia, con el autocuidado y con la promoción de una salud integral.

En esta búsqueda de una vida libre de violencia, ¿hay cabida para las masculinidades tradicionales o para alguna parte de ellas?
Ante estos cambios, creo que más bien es una invitación a los hombres que hemos ejercido violencia contra nuestras parejas, nuestros hijos e hijas, otros integrantes de la familia, o el acoso y hostigamiento en el trabajo.
Es la invitación a reconocer esas prácticas de violencia. Segundo es qué voy a hacer con esto, si me mantengo generando las mismas prácticas ya sé que los resultados y las consecuencias van a seguir afectando la vida de las personas. Tercero es buscar apoyo profesional, hay muchos espacios y grupos de trabajo con hombres. En julio empezaré uno, pronto definiremos la fecha y la plataforma. Ahí está la oportunidad, para los hombres que seguramente leerán esto es ¿qué gano con cambiar mi machismo? Si no lo hago ¿qué cosas voy mantener?
Puedes decir, me voy a sentir bien fregón y puede ser que sí, pero qué pasa alrededor tuyo. ¿Estás nutriendo a las personas o se están alejando? No porque te tengan respeto, sino porque te tengan miedo y cuando a una persona se le tiene miedo, se le empieza a dejar. 
Alguien va a decir “qué bueno que a mí me tengan miedo”, pero es una forma de autoengaño porque en realidad al interior no sé qué hacer con esa vulnerabilidad.
Yo creo que ésa es una invitación a los hombres a que se den cuenta que viven con ese miedo y con esa tristeza a que busquen alternativas. Más que excluir o decir “es que ya no los queremos”, mejor la invitación a reflexionar sobre ello. 

Este tema de masculinidades alternativas, ¿cómo se vincula con la paternidad?
Muchísimo porque en la medida en que aprendimos a ser hombres es cómo podemos ejercer la paternidad. Ojo, no es como una ecuación de si pasó esto, el resultado es éste, no.
Muchos hombres aprendieron el machismo en la infancia y se dieron cuenta que la relación con el papá no es la más agradable; sin embargo, se dan cuenta que reproducen el modelo tradicional, machista, del proveedor que sólo da dinero y cree que con eso ya resolvió todo. Un papá ajeno a la familia, un papá periférico como lo conocemos, un papa tipo ovni es decir sabemos que existe, pero no lo hemos visto.
Puedo manifestar la paternidad en la forma en que fui aprendiendo a ser hombre. Sin embargo, cuando se generan crisis y quieren hacer algo diferente, empiezan a plantearse paternidades más integrales: con afecto, con participación en casa, con trato digno y de respeto a la pareja, un trato no sexista a los hijos y las hijas. Buscan maneras más nutritivas para su contexto.
Hay hombres con 50 años cuyo reto es el autocuidado. Checarnos por el tema de próstata, testículos, el tema diabético. Con esto, yo les enseño a mis hijos que es mi derecho y es una forma de no violencia contra mí mismo.
Entonces las nuevas paternidades, las paternidades integrales como ha denominado en la Red de Cómplices por la igualdad buscan favorecer papás más cercanos, sin violencia, resolviendo conflictos de manera pacífica, con un diálogo con la pareja y el buen trato.

Trabaja con terapias para hombres, ¿cuál es la parte más complicada para ellos?
Uno de los retos es reconocer, en algunos casos, la violencia. Algunos creen que no son violentos porque no le pegan a la pareja, pero también son nuestras actitudes: las miradas, el tono de hablar, ignorar a las personas. Ese tipo de cosas pasan desapercibidas porque las fuimos integrando a lo largo de nuestra vida y aprendimos que ésa era la forma de ser hombres, aunque por dentro sabemos que hay una intencionalidad de generar daño.
La vulnerabilidad es algo que nos mueve. Es el cómo decir que tengo miedo, o cómo me voy a expresar si esto no es de hombres y de lo que se trata es que no dejas de ser hombre por sentir miedo o tristeza, tienes esas emociones. Fue la cultura que nos enseñó cuándo expresarlas y cuándo no. 
Otros buscan apoyo para mejorar sus relaciones de pareja; sin embargo, tiene que ver con la violencia que ejercen. Es decir, quiero mejorar mis relaciones de pareja, pero vengo para que usted me diga cómo va a cambiar ella. No es cómo voy a cambiar yo.
Cuando se dan cuenta que son ellos quienes tienen que promover una cultura distinta a la relación de pareja y darse cuenta de su responsabilidad, empiezan los cambios positivos, aprender otras formas de relaciones. No son procesos de una o dos sesiones o de ir a un taller y con eso ya está, es un trabajo constante.
El trabajo más importante es el que vas a hacer en tu casa, con tu familia, en el trabajo si eres de los que acosaba u hostigaba sexualmente a las mujeres, ahí va a estar tu reto y reconocer que las personas que te rodean merecen un trato digno de respeto. Conocer nuestros miedos, tristezas, nuestros enojos. 
Este año y parte del pasado estuve explorando mucho el tema del autocuidado en talleres y me di cuenta que no lo tenemos como algo tan real. Me cuido cuando me enfermo, me tomo una pastilla cuando voy al médico, si es que voy, o me automedico, o me pongo en riesgo y pienso que no pasa nada, sin darnos cuenta de lo que podemos generar.

¿Cómo ha sido la respuesta a este tipo de terapias talleres? ¿Cómo la han recibido? ¿Hombres con qué características llegan? 
Algunos llegan porque la pareja, las amigas, los amigos o familiares les dicen que tienen que tomar el taller o tienen que ir a terapia. Otros llegan porque una institución los mandó, otros para que la pareja no se vaya; no es para trabajar su violencia, aunque después se dan cuenta
que no funciona así.
Hay una población menor que cada vez va creciendo que llega por interés propio para trabajar en ellos, mejorar consigo y generar bienestar con otras personas. Estos últimos son los que poco a poco llegar a sumarse y a mostrar un interés en el autocuidado, por eso insisto mucho en esa palabra.
En la medida en que los hombres aprendamos a reconocernos y ver que el autocuidado está en nuestras manos y que tenemos que hacernos responsables de nuestras vidas emocionales, de nuestras relaciones y cómo cuidarlas, pediremos apoyo profesional o iremos a los talleres, a conferencias. La gente que se acerca es porque ya se dio cuenta que la está regando y quiero cambiar.
Así de diversa es la población que llega.

***
Finalmente, el doctor Cirilo Rivera invita a extremar los cuidados durante esta pandemia y con el virus al acecho de las familias.
Reitera que el machismo afecta las vidas de los hombres y de las personas que más quieren; por ello les pide reflexionar sobre el tipo de sociedad que desean, si es una donde prevalezca el machismo y la violencia y otra más igualitaria, justa, de respeto, de autocuidado, en el marco de una cultura de paz.

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