- La investigadora española enfatizó que ni las leyes, ni las políticas públicas del Estado garantizan protección a las mujeres
Zurya Escamilla Díaz | Tlaxcala | 5 de septiembre de 2026
Si bien contar con leyes tiene un propósito pedagógico en enseñar a la sociedad qué conductas no son aceptables, no basta con ellas; sino que se debe haber conciencia colectiva para erradicar problemas como la violencia contra las mujeres, aseveró la investigadora española, Rosa Cobo Bedia, quien impartió una capacitación a personal de procuración de justicia, salud y con programas que atienden directamente a las mujeres.
"Es muy importante que no haya solamente una ley, sino que haya una opinión pública, un imaginario colectivo que crea que no está bien ejercer violencia contra las mujeres. Si esto se produce, va a tener efectos sobre el sistema de justicia, va a tener efectos sobre la policía, va a tener efectos sobre todos los entramados que tienen, institucionales, que tienen algo que ver. Cuando esto pase, que aún no ha pasado, pues seguramente los agresores sexuales tendrán otros castigos", expresó ante el público reunido en el Teatro de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UATx).
En ese sentido, resaltó que el modelo económico del capitalismo neoliberal requiere de economías ilegales para globalizar el mercado, pero también para asegurar la acumulación de riqueza; entre ellas mencionó la explotación sexual y tráfico de personas para éste y otros fines, así como el tráfico ilegal de armamento o en narcotráfico. De modo que en estos como en otros casos, hay de por medio no solo condiciones de pobreza, sino de vulnerabilidad.
"Aquí no estamos hablando de unos individuos que están sacando enormes y ingentes beneficios de mujeres que están en situaciones de pobreza y en situaciones no solo de pobreza, porque la pobreza no tiene por qué conducir necesariamente a la prostitución, sino también de vulnerabilidad. Pobreza y vulnerabilidad tienen todos los boletos para acabar ahí. Entonces, tenemos que verlo como en realidad lo que es. No es un pequeño negocio, estamos hablando de los intereses de los varones que quieren tener a mujeres, a ser posible algunos que quieren tener a niñas para acceder a sus cuerpos con toda la libertad del mundo".
La investigadora de la Universidad de la Coruña, refirió que hacia 2020 hubo una preocupación entre las feministas por el creciente número de feminicidios que ocurría en diferentes partes del mundo; sin embargo, al aproximarse al problema pudieron identificar que la principal preocupación de las mujeres era la violencia sexual.
"Por supuesto que no existe el trabajo sexual, por supuesto que no existe. Porque a mí cuando me dicen que todas y todos trabajamos con nuestro cuerpo, indudablemente. Ni os quiero contar cómo trabajo yo con mi cuerpo cuando estoy limpiando mi cocina, o cuando estoy escribiendo, pero hay una diferencia; la diferencia es que en la prostitución el cuerpo de las mujeres es el lugar de trabajo y eso lo cambia todo", enfatizó Rosa Cobo Bedia.
Explicó que la violencia sexual no se puede disociar del consentimiento sexual y sobre éste identificó cuatro discursos: uno desde el patriarcado que ve la sexualidad de las mujeres como complementaria a la de los hombres; otra desde el capitalismo neoliberal que ve a las personas sujetos propietarios y en este caso a las mujeres como propietarias de su cuerpo, aunque no necesariamente de otros bienes; y un tercero desde el libertarismo sexual que termina apropiado por los hombres para poder acceder al cuerpo de las mujeres y donde las desigualdades tanto económicas como de género tienen un impacto importante.
No obstante, el discurso desde el feminismo prevé que el consentimiento sexual sólo existe bajo tres condiciones: voluntad de querer, deseo físico, y estructuras razonables de igualdad. Por ello, enfatizó que al momento de abordar delitos sexuales, las mujeres se enfrentan a una constante falta de credibilidad en sus palabras.
"El Estado considera que las mujeres deben ser defendidas por todas, por todos los entramados institucionales o no. El Estado siempre dice que sí, pero no siempre se comportan de esa manera. Esto es algo enormemente importante. Lo vemos por el comportamiento de los sistemas de justicia. Lo vemos por el comportamiento de la policía. Lo vemos por las legislaciones que tiene, lo vemos por las políticas públicas que hay. Hay sociedades en las cuales la capacidad de maniobra que tienen las mujeres es casi inexistente", apuntó.
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