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? Gabriela
Vargas G.
@Biarritz3
¿Cuántas mujeres recuerda como dirigentes de los partidos
políticos en México? Seguramente muy pocas: Alejandra Barrales (PRD), Yeidckol
Polevnsky (Morena), Cecilia Romero Castillo (PAN) y Claudia Ruiz Massieu (PRI),
por citar algunas de las más recientes. No es casualidad el olvido. Hay
múltiples causas por las que apenas recordamos sus nombres: han sido muy pocas,
han ejercido el cargo por interinato, no tenían cobertura destacada por parte
de los medios de comunicación, o su papel de liderazgo en la vida política fue
muy corto.
Sin importar su trayectoria política o académica, ni sus méritos
en el crecimiento de un partido político, la presencia de las mujeres en la
política en nuestro país sigue siendo fugaz y excepcional, a pesar del
largo camino que les ha tomado el reconocimiento de sus derechos
político-electorales y, en consecuencia, su liderazgo. Aún no se normaliza ni
fortalece su presencia en estos espacios, y en este proceso el papel de los
partidos políticos resulta fundamental.
Las mujeres que han logrado llegar a encabezar la dirigencia de un
partido en México lo han hecho, en la mayoría de los casos, en coyunturas poco
favorables, ya fuese para preparar procesos de sucesión en los que no
competirían, o ya para enfrentar las crisis internas partidistas de las que
nadie quería asumir el costo para no afectar su futuro político.
Su papel de dirigentes nunca ha sido terso en función de los
estereotipos de género tan arraigados culturalmente. Por ello es importante la
resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF)
por el que ordenó al Instituto Nacional Electoral (INE) modificar la
convocatoria para renovar los órganos de dirección de Morena, y cumplir con
la paridad de género que consignan los propios estatutos del partido.
Anteriormente, y so pretexto de la autonomía que debe regir en los
procesos internos de los partidos políticos, dichos procesos podían tener
modalidades diversas, no se caracterizaban por su transparencia, y no había
exigencia expresa de cumplir cuotas de género, lo que se ha ido modificando a
través de diversas reformas electorales.
No es tan evidente, sin embargo, cumplir con la paridad cuando no existen mecanismos para ello. El caso de Morena es ilustrativo, pues ante la ausencia de éstos, el INE ha tenido que impulsar un procedimiento inédito de encuestas para dar certeza a los militantes y simpatizantes que, paralelamente, garantice el principio de paridad sin alterar la voluntad de los integrantes del propio partido.
Este mecanismo contempla dos fases
para la definición de candidaturas: el levantamiento de una encuesta de
reconocimiento que arroje a los mayores liderazgos del partido para esos cargos
y, en un segundo momento, una encuesta pública final abierta con un número
reducido de candidaturas representativas, mismo que se está llevando a cabo y
que concluirá el 8 de octubre.
Es así como, de las 47
candidaturas registradas en la fase uno al cargo de la presidencia del CEN del
partido, sólo tres fueron de mujeres: Yeidckol Polevnsky, Adriana Menéndez e
Hilda Mirna Díaz pasaron automáticamente a la encuesta pública abierta para
asegurar la paridad. A estas se sumaron las de Porfirio Muñoz Ledo y Mario
Delgado, quienes se posicionaron en los dos primeros lugares en la encuesta de
reconocimiento.
Como hubo siete candidatos
siguientes posicionados en tercer lugar, tuvieron que ser descartados por tener
márgenes de reconocimiento similar, lo que llevaría a contar con una planilla
de 9 candidatos que impactaba al principio de paridad de género, por lo que el
grupo de expertos y la Comisión de Prerrogativas y Partidos Políticos en el
INE, determinaron no considerarlos para la conformación de la planilla.
En el caso de la Secretaría General
se registraron 53 candidaturas, de las cuales 16 correspondían a mujeres, por lo que todas fueron incluidas
en la encuesta de reconocimiento. Para este cargo, sólo Citlalli Hernández
alcanzó en esta etapa un lugar preponderante por sobre las demás candidaturas
masculinas en el primer bloque de cinco candidaturas analizado.
El grupo de expertos analizó el
empate de las siguientes ocho candidatas mejor evaluadas en un segundo bloque,
lo que llevó a la Comisión del INE modificar la metodología inicial, por lo que
ahora se preguntará de manera independiente por la preferencia entre los
candidatos y las candidatas, aclarando al entrevistado que el resultado está
vinculado a la elección resultante de la persona que ocupe la Presidencia. Veremos
entonces que para el cargo de la Secretaría General habrá en la encuesta nueve
mujeres y cuatro hombres, lo que modifica el número original paritario de
seis candidaturas, tres de cada género, que se había considerado.
Como puede verse, el mecanismo no
es sencillo y se ha ajustado conforme la realidad. Tampoco lo fue cuando se
implementaron las cuotas de género, ni cuando se etiquetó parte del presupuesto
partidista para la formación de liderazgos de las mujeres. Corresponde ahora
impulsar mecanismos sencillos y democráticos al interior de los partidos que
garanticen la paridad en sus órganos de dirección.
Será muy interesante el resultado de este proceso de renovación en el partido que ahora gobierna nuestro país, en el que llama la atención que a pesar de haber un número considerable de mujeres compitiendo para los dos principales cargos de su dirigencia, los medios de comunicación apenas citan uno o dos de sus nombres. Esto es un indicador que impulsar la vida política de las mujeres en nuestro país no sólo es cuestión de leyes, es también un proceso cultural en donde los medios de comunicación y la opinión pública tenemos un papel importante. ¿Ya sabe usted quienes son las candidatas a la dirigencia de Morena?

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