Editorial
Aunque poco a poco se ha avanzado para que las mujeres ocupen espacios tanto en el ámbito público como en el privado que durante mucho tiempo les estuvieron negados, aún hay muchos obstáculos para que se puedan desempeñar en plenitud y que se relacionan íntimamente con los problemas estructurales que les sobrecargan de trabajo en el hogar y fuera de él, que les responsabilizan históricamente de los cuidados con espacio limitado para el desarrollo personal y profesional.
A nadie debe sorprender que en las comunidades, en el ámbito educativo, en el religioso, incluso dentro de los mismos partidos políticos, las mujeres son quienes de diferentes formas terminan por movilizar al resto, de coordinar, planear y ejecutar; sin embargo, cuando se trata de espacios de toma de decisiones en primera línea, son desplazadas para que sus compañeros sean quienes destaquen.
Desde los institutos políticos hacen falta medidas que contribuyan tanto a reducir la brecha de desigualdad que inhibe la participación política de las mujeres al responde también a esa necesidad de cuidados y de recursos económicos en igualdad para tener candidaturas competitivas en los niveles de gobierno donde se observan los mayores retos: ayuntamientos y presidencias de comunidad.
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