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martes, 15 de marzo de 2022

Opinión | Fernando Morales Gómez "El Pollo"



Por Jesús Cruzvillegas

 

El pasado domingo 13 de febrero falleció a los 32 años el músico Fernando Morales Gómez, mejor conocido como “El Pollo”.


Repentinamente el gran corazón del “Pollo” dejó de latir, pero su música seguirá latiendo gracias al vasto archivo de sus participaciones con el trío Chicontepec, el trío Cantores del Alba, los Arrieros y el grupo Arpa de México, entre otros.


Se han realizado algunos homenajes, y esperamos que se hagan varios más. En el círculo de profesionales de la música tradicional se ha reconocido el talento y profesionalismo del “Pollo”; también su carisma y personalidad en el escenario. Colegas, familiares y amigos exaltan su calidad y calidez humana.


En lo referente a los derechos culturales -en especial los espacios culturales independientes de la Ciudad de México- el “Pollo” tiene un apartado especial porque fue protagonista del desarrollo de espacios culturales dedicados a la promoción, educación y goce de la música tradicional, principalmente la huasteca en la ciudad.


Es importante mencionar que esta identidad huasteca no solo está conformada por músicos provenientes de las huastecas (Hidalgo, Veracruz, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí y Tamaulipas), sino también por personas de la zona metropolitana de la CDMX, que han exacerbado el goce por esta particular forma de ejecutar, escuchar y bailar música tradicional.


Esta identidad se ha avivado por el arduo trabajo tanto de espacios culturales independientes como de personas promotoras y formadoras de músicos tradicionales; y los tríos nuevos y viejos.


Un público chilango, así como una generación vibrante de personas bailarinas, bailadoras, huapangueras, etc. han convertido lo bucólico (modo idealizado del campo o la vida campirana) en “bocólico urbano” (exaltación de lo huasteco, del bocol).


Esta identidad se ha avivado por el arduo trabajo tanto de espacios culturales independientes como de personas promotoras y formadoras de músicos tradicionales; y los tríos nuevos y viejos.

La familia paterna del “Pollo” es orgullosamente originaria de Zacualpan, Veracruz. Y don Javier Morales siempre inculcó a sus hijos el gusto por la música tradicional de la huasteca veracruzana. Además, el padre de Javier, don Prisciliano Morales había sido un buen violinista.

Con el halo del abuelo violinista, a Fernando -como adolescente citadino- le interesó involucrarse en la música de sus ancestros. 

El “Pollo” no terminó sus estudios de bachillerato. Porque tenía muy claro que quería ser músico, y lo logró. Un músico virtuoso que se presentó en más de veinte países.

Siendo adolescente le dijo a su mamá, Lupita, cuando transitaban en el Eje central: “mamá, algún día tocaré en el escenario del Palacio de Bellas Artes” y su mamá le contestó “trabaja hijo, trabaja mucho y lo lograrás”.

Años después -me cuenta Lupita- el “Pollo” pasaba al frente del escenario, ataviado con una elegante guayabera para tocar un solo de violín huasteco, como parte del talento musical que acompañaba al Ballet Folklórico de Amalia Hernández.

En su meteórica carrera -que comenzó a los 16 años- estuvo estrechamente relacionado con espacios ahora considerados míticos de la identidad huasteca en la CDMX.

El espacio huasteco de formación y goce durante muchos años fue el Balcón huasteco, propiedad del músico Rolando Hernández “Quecho”. Ahí fue el primer acercamiento del “Pollo” en la ejecución del violín para música huasteca.

Desafortunadamente el Balcón huasteco fue cerrado injustamente por las autoridades locales en 2018. 

Sin embargo, el maestro “Quecho” continúa impartiendo clases de violín, incansable, admirable por mostrar una fortaleza juvenil contando con más de ochenta años.

“Pollo” fue buen alumno, uno de sus más grandes estudiantes, tanto que años después formó parte del trío Chicontepec, el trío de su maestro “Quecho”. 

Cuando empezaba a tocar, y animado por amigos músicos de más edad, el “Pollo” tocaba algunas tardes en el centro de la alcaldía Coyoacán, algo que fue conocido como “El arbolito huasteco”. Era un árbol del jardín Hidalgo donde se reunían a trabajar músicos tradicionales para la cooperación voluntaria de las personas que transitaban alrededor.

Como dan cuenta numerosas experiencias de artistas en el espacio público, la autoridad se cansó de perseguir y detener a los integrantes del “arbolito”, y a otros que no pertenecían a grupo alguno.

“El arbolito huasteco” desapareció, pero esa fugaz experiencia todavía se narra como un espacio temporal de goce, identitario y a salto de mata, de la misma manera que otras manifestaciones culturales que por falta de espacio después comentaremos.

Fernando no parecía precisamente un pollo, su apodo se debió al negocio familiar: los pollos asados.

Los “Pollos Asados el Huasteco” ubicado en calle Relaciones exteriores 25 colonia Federal, Venustiano Carranza CDMX (a unas cuadras del metro Gómez Farías) se convirtió en un relevante espacio cultural independiente.

Como planteó el Centro Cultural de España en México al organizar en 2018 las actividades denominadas “Huastecos en la Ciudad” con el objetivo de visibilizar a los espacios culturales independientes de perfil huasteco, “Pollos asados el Huasteco” es importante porque se trata de “un establecimiento creado especialmente para las personas que aman el folklore de nuestro país, en particular la cultura huasteca y que a lo largo de años ha brindado a los migrantes de la huasteca y a la gente local un lugar recreativo en donde pudieran expresar su gusto por las tradiciones y el anhelo por la tierra que los vio nacer. La música del violín, jarana huasteca y quinta huapanguera, intérpretes de sones huastecos y música mexicana en general, suenan sin falta los fines de semana”.

Además, los pollos son deliciosos, al natural, con salsa encacahuatada y a la diabla.

Llama la atención, que también los “Pollos Asados el Huasteco” han tenido dificultades para realizar sus actividades, por parte de autoridades locales que no permiten el efectivo desarrollo de su aniversario, o de encuentros culturales.

El “Balcón huasteco”, el “Arbolito huasteco” y los “Pollos Asados el Huasteco” tienen su capítulo en la historia de los huastecos en la ciudad. Dan cuenta también de la desatención e incomprensión de entidades gubernamentales hacia los espacios culturales independientes.

El legado del “Pollo” dará mucho qué contar. Un abrazo para su familia que lo apoyó incondicionalmente en una carrera difícil e ingrata. Y esperamos una recopilación de sus ejecuciones del violín, jarana, quinta, vihuela, requinto, pero fundamentalmente de su potente y característica voz. 

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