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lunes, 4 de octubre de 2021

Opinión: El reto de trascender

 


Zurya Escamilla Díaz (Tlaxcala, 4 de octubre de 2021) Rara vez quien llega al servicio público lo hace con miras allende su periodo de gobierno, administrativo o legislativo; de no ser quien lidera, la mayor parte de quienes integran las estructuras no hacen más que cumplir con el trabajo cotidiano, con la expectativa de permanecer y sin la conciencia de que ahora forman parte de ese gran entramaje que hace posible cumplir con las tareas del Estado.


Las instituciones están pensadas, al menos así en el deber ser, para trascender lo efímero de la vida individual para materializar atenciones, servicios, soluciones e ideales colectivos. Sin embargo, al momento de transiciones de poder, lo que se hace evidente es que esos organismos quedan a merced tanto de quienes salen y deciden llevarse parte de ellas (información, experiencia, recursos humanos, materiales y financieros) como de quienes llegan a tratar de hacer con su visión (a menudo inexperta y poco profesional) de hacer las cosas.


En las transiciones, toda esa información y recursos que hacen posible el trabajo de las instituciones entran en un jaleo que termina por afectar a empleados que cada periodo tienen que adaptarse al actuar de las nuevas cabezas, lidiar con las decisiones de los anteriores y con el revanchismo de quienes olvidan que el poder no es eterno. Sobre todo, por supuesto, son quienes hacen uso de los diferentes servicios y la ciudadanía en general quienes terminan por pagar los platos rotos.


Ya he referido en numerosas ocasiones que Tlaxcala requiere un servicio civil de carrera que trascienda los vaivenes del poder político, que profesionalice el servicio público, preserve la experiencia y la combine con la capacidad de abrir las puertas a quien tenga las credenciales adecuadas tanto formativas como éticas para contribuir al ideal colectivo de hacer que el Estado, a través de sus instituciones, atienda las principales necesidades y desigualdades de la población.


Ojalá la nueva Secretaría de la Función Pública cumpla con ese deber que sin duda no será sencillo, pero que es necesario para mejorar la calidad del servicio público de cara al anhelado combate a la corrupción, transparencia, rendición de cuentas y respeto a los derechos humanos.


A la nueva administración han llegado personas que a algunos, como a mí, nos hacen dudar de que su buen desempeño, pero por ahora no hay más que otorgar el beneficio de la duda. También, han arribado (no solo a la administración estatal) personas combativas en diferentes frentes que tienen la misión de recordar aquello por lo que han luchado y tratar de hacer lo mejor posible en el cargo; sobre todo, de no convertirse en aquello contra lo que han enfrentado.


A poco más de un mes de haber iniciado el nuevo gobierno, todas y todos quienes llegan tienen un compromiso no solo de coadyuvar a los objetivos que públicamente ha dictado la gobernadora; sobre todo deben tener presente que la responsabilidad es, ante todo, con la población tlaxcalteca, tanto con quienes confiaron en ellos como con quienes no.


Post scriptum

Ojalá los integrantes de la LXVI Legislatura hagan valer la pluralidad del Congreso del Estado; ésa que mereció varios minutos de pronunciamientos hace casi un mes y que al término de la sesión del jueves 30 de septiembre pareció trastocarse con un intento de dominio no necesariamente del grupo mayoritario, sino de una sola persona.



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