Zurya Escamilla Díaz (Tlaxcala, 26 de febrero de 2021) Laura Méndez, de la Coordinadora Por un Atoyac con vida, puntualizó que el saneamiento de la cuenca Atoyac, Xochiac y sus afluentes no sólo es una cuestión de tener agua limpia, sino de recuperar la forma vida que fue arrebatada a las comunidades por la industrialización.
Eso, como parte de su intervención en el segundo Seminario del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, CONACYT, y como parte de la serie “Las regiones de Emergencia Ambiental en México. Del diagnóstico al Modelo de Restauración”.
Recordó que organizaciones de la sociedad civil iniciaron una queja en la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en 2011 que llevó a este órgano seis años de investigación para determinar que se han violado los derechos a un ambiente sano, saneamiento del agua y acceso a la información.
En la sesión celebrada este jueves 25 de febrero, se abordaron “Las Regiones de Emergencia Ambiental: Cuencas del Alto Balsas (Tlaxcala) y Cuenca de la Independencia (Guanajuato)”.
Al respecto, la activista enfatizó que en la recomendación 10/2017, la CNDH reconoció la violación de estos derechos en agravio de quienes habitan y transitan en los municipios de San Martin Texmelucan y Huejotzingo en el estado de Puebla; así como en los municipios de Tepetitla de Lardizábal, Nativitas e Ixtacuixtla de Mariano Matamoros, en el estado de Tlaxcala.
Méndez abundó que en la recomendación “se plantea el necesario saneamiento de la cuenca, la restauración de los suelos, el diseño y aplicación de un plan emergente de salud para quienes hoy están enfermos debido a la contaminación de la cuenca”.
Mientras que la Dra. Inés Navarro, del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, señaló que han encontrado diferentes tipos de contaminantes en la corriente de este río con consecuencias significativas para la población.
Por ejemplo, identificaron residuos de cloroformo y cloruro de metileno. Además, los estudios genotóxicos evidenciaron que hay menor desarrollo hormonal y físico entre los niños que viven a menos de 7 km del afluente.
De igual forma, el estudio mostró un 200 por ciento de incremento en la mortalidad por cáncer entre los años 200 y 2016; vinculados con la presencia y proximidad de la industria.
En este sentido, la representante de la Coordinadora por un Atoyac con vida, manifestó que la “lucha por el río no se trata sólo de tener agua limpia, es mucho más que esto, se trata de luchar por nuestra forma de vida que fue totalmente cambiada en las últimas décadas debido al modelo de industrialización salvaje (…) hay que luchar por la solución de todos los problemas que afectan la Cuenca del Alto Atoyac, pues todos sus elementos naturales, sociales, culturales y económicos están conectados”.
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