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lunes, 31 de agosto de 2020

Daniela y Miguel: Cambalache en favor de la lectura


Zurya Escamilla Díaz (agosto, 2020) Hace ocho años, un paquete de libros regalados porque alguien más ya no los quiso sentó el precedente de lo que hoy es “Echemos cambalache”; que desde hace tres años se ha convertido en más que una librería, pues sus dueños han tomado como bandera no sólo la venta de libros, sino el fomento activo y acompañamiento a quienes deciden aceptar su reto.

Miguel Ángel García Luna Palma (administrador de empresas) y Daniela Escobar (poeta y escritora) son los impulsores de este proyecto que busca poner a leer a las y los tlaxcaltecas a través de la compra-venta de libros, el trueque, salas y círculos de lectura, por mencionar algunas actividades.

“Trabajamos el fomento a lectura basado en el trueque de libros, a través del reto ‘12 meses 12 libros’. El objetivo de esta dinámica es invitar a la población en general, desde niños hasta personas de la tercera edad a leer un libro al mes”, comenta Miguel Ángel.

Tenemos un área que llamamos Zona de Trueque. La dinámica consiste en intercambiar hasta dos libros, siempre afines en su estado físico a aquél que busques leer; es decir, puedes tomar un libro tan maltratado o cuidado como el que aportes.

Este intercambio tiene una cuota de recuperación de 15 pesos y no se aceptan libros de texto o enciclopedias. Sin embargo, el trabajo de Miguel y Daniela no se queda ahí... “Nosotros trabajamos con un seguimiento o acompañamiento al lector, ya que se hace un convenio de trueque con los datos de los libros y de la persona lectora; se hace un registro fotográfico y se sube en redes sociales.

Cuando se trata de niños, por ser un tema sensible de compartir en redes sociales, se les invita a hacer un dibujo o a que escriban un texto, siempre acompañado de un dibujo y con una fotografía del tutor.

La intención es que para hacer de forma periódica sus intercambios, los invitamos a que compartan su experiencia lectora con el libro que se llevan. Ésa es la función del grupo donde nos comparten reseñas o su experiencia, ésta es la que más nos interesa. El compartir con nosotros sobre su lectura es el pase para continuar con los intercambios. Si cumples con tu reto, “Echemos cambalache” te ofrece un regalo sorpresa, ésa es la dinámica”, agrega.

¿Cuál ha sido la respuesta de las personas a este proyecto? ¿Qué características tienen las quienes forman parte de él y qué tan frecuente es su participación?

Afortunadamente hemos tenido de todo: niños, jóvenes, adultos. Tal vez la población que menos se acerca son los adultos mayores, aunque tenemos una lectora de entre 85 y 87 años. Ella también es cambalachera.

Tratamos de llegar a la población en general de forma cercana y ha habido buena respuesta. En  promedio de 15 a 20 convenios mensuales, aproximadamente uno cada tercer día; creo que es una buena cifra.

Pronto tendremos a nuestra quinta lectora, una mujer de 52 años, en terminar el reto; parece muy sencillo estar haciendo lecturas y comentarlas, pero no lo es. Hasta el momento lo ha terminado un jovencito de 11 años, un joven de 21, una médica que terminó en año y medio. Por cierto, tratamos de respetar los tiempos de cada lector.

¿Qué tan complicado ha sido acercar a la gente a este proyecto?

Mucho. En un principio la gente no creía que vendíamos libros porque pensaban que Cambalache sólo era un trueque; se difundió mucho el intercambio, pero es una librería como tal y sobrevive por la venta de libros y con donaciones.

La idea surgió porque una vecina mía llegó a dejarme unos libros. Me dijo: “Ten, sé que te gusta leer; de algo que te puede servir. Los iba a tirar, pero me acordé de ti y a ver qué haces con ellos”.

Eran libros interesantes, aunque no en tan buen estado, pero me di cuenta de que mucha gente está en ese canal; tienen los libros y ya no saben qué hacer con ellos.

Por eso, coloqué una cartulina en la entrada de la casa que decía “Se aceptan libros obsequiados” y poco a poco empezó a llegar de todo. Más delante puse una lonita y cuando ya tenía una considerable cantidad, la cuestión fue ver qué hago con ellos.

Como licenciado en administración de empresas, procuré generar algo que fuera más allá de solamente la venta. El concepto es romper el paradigma de que si te acercas a una librería tienes que ser dogmático o sabio; o si hablas de tertulias literarias, te imaginas a la gente formal; quiero romper ese concepto.

Tomé un taller para poder llevar el acompañamiento y salió el concepto de “Echemos cambalache”, con el trueque y acompañamiento al lector. En ferias de libros se hacen intercambios de libros, pero tú llevas unos libros, te los cambian por otros y se acabó, eso no es fomenta a la lectura.

Posteriormente, mi novia y yo tomamos el diplomado en salas de lectura. Trabajamos un tiempo en eso, ella sigue activa y yo le puse paréntesis por la contingencia, pero ambos somos promotores de salas de lectura; pues necesario saber cómo hacer el acompañamiento a cada persona porque cada público es diferente.

Es lo único que encontré en cuanto a gobierno federal que se dedica a fomentar la lectura, no existe más, lo he buscado. Y salas de lectura aún tiene muchas cosas que construir, es un programa que lleva muchos años y con el cambio de gobierno, se está reestructurando.

Yo hago lo nuestro de forma independiente. Surgió hace años a partir de donaciones que es parte pilar del proyecto porque enriquece la zona de trueques y el cuidado de libros, ya que no sólo es tomarlos: se ordenan, se limpian y, en caso de ser necesario, se restauran.

¿Cuáles son los libros que más busca la gente?

De los libros que siempre están en continua venta son El Principito, es muy bonito, me gusta y lo recomiendo; La Divina Comedia... libros clásicos. Gabriel García Márquez se vende bien. Los libros para el sector infantil se venden mucho.

Desde tu perspectiva, ¿cuáles son las situaciones que inhiben el hábito de la lectura?

Culturalmente asociamos la lectura con ir a dormir o, tristemente, la vemos como castigo. Socialmente lo vemos así, cuando debería ser como una recompensa, algo para disfrutar. El cambiar ese estigma va a costar mucho.

Además del reto “12 meses, 12 libros”, la librería y la donación, ¿realizan otro tipo de actividades?

El Trueque, la venta y la donación están un poco detenidas por la contingencia, pero aun así las tenemos. Sabemos que tener una librería es muy bonito, pero si entran dos o tres personas al día es mucho, entonces hay que moverse.

Usamos las redes sociales como herramienta importante, hacen que el libro encuentre su lector. La promoción y el intercambio a través de estas herramientas se han agudizado más por la contingencia.

Antes del confinamiento, como mediadores trabajamos un sinfín de actividades. En 2018, si mal no recuerdo, hicimos el festival “Al son de los libros”, como de tres días, nos fue bien. Es complicada la organización, nos sentimos orgullosos de lograrlo, ésa fue una satisfacción muy grande para los miembros de cambalache y nuestra socia.

Círculos de lectura y salas lectura en forma presencial los trabajamos cada fin de semana. Con esas actividades la intención es romper el paradigma de ir solamente a leer, eso lo hacemos porque es básico; pero enriquecemos con ver una película, un comic o quitamos las frases de los comics y nosotros contamos historias propias, dibujamos, vamos al cine o al jardín botánico.

¿Cómo les gustaría ver este proyecto a largo plazo?

Uno de los grandes problemas que tenemos es el espacio, el acomodo de los libros. Es triste tener el libro en lomo, porque entre más se pueda mostrar la portada al lector, al cliente, es mejor.

Necesitamos generar espacios grandes a futuro, con un espacio donde podamos incluir un café, con un área para consultar el libro. Así lo trabajábamos, pero ahora no podemos tener mucha gente, se modificó eso. Nuestra idea es ofrecer café y tener mayor visibilidad de los libros, sistematizar el registro, darlo a conocer más.

...

El permanecer en casa ha sido una oportunidad para ver series, películas o tomar un buen libro y viajar en la imaginación; así que, si quieres comprar, donar, intercambiar libros o sumarte al reto de “Echemos cambalache”, puedes dirigirte a Avenida Volcanes 13-B, a un costado de Soriana Ocotlán; de lunes a viernes 11:30 a 20:00 horas.

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