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lunes, 15 de junio de 2020

Mascotas en orfandad



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Por Zurya Escamilla (Junio 2020) Caminas por la calle y un par de ojos negros te encuentran desde la acera con curiosidad, te aproximas y ese cuerpo peludo se pone en pie para acercarse a ti, te olfatea. Detienes tu andar un por cautela, dejas que te reconozca, sonríes mientras lo miras dar vuelta a tu alrededor con sus ojos puestos en ti y con una cola que no para de menearse. Palmeas su cabeza y continúas tu camino, él avanza un par de pasos contigo, pero se detiene. Miras atrás, para ver cómo ese alegre ser con suerte incierta te observa alejarte con su cola siempre en movimiento.
Hace siglos que los perros y los gatos se han convertido en nuestros compañeros, forman parte de nuestro día a día. Sin embargo, parece que los humanos hemos quedado a deber esa amistad que forjan con nosotros; lo que les pone y nos pone en peligro.
Con la contingencia por Covid-19, la creencia de que son portadores del virus se sumó a las razones por las cuales se dejan en orfandad a cientos de perros y gatos en Tlaxcala: agresividad, enfermedad, discapacidad, porque generan problemas con otras personas o simplemente porque no se pensó lo suficiente antes de tenerlos.
El doctor Francisco Javier Becerra, responsable del programa estatal de rabia refiere que si bien el número de capturas en las calles ha disminuido en 50 por ciento en el primer trimestre de este año; la cantidad de perros entregados voluntariamente a las autoridades sanitarias incrementó en 20 por ciento en el mismo periodo, respecto a 2019.
“La gente está entregando a sus perros y gatos por temor a que puedan contraer la enfermedad y contagiarlos. Es totalmente falso, la Organización Mundial de la Salud (OMS), el gobierno de México a través del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA) no ha emitido un documento que lo compruebe; al contrario, ha emitido documentos donde desmiente esa información”, explica.
“Un coronavirus canino es muy distinto al que afecta a la humanidad y no hay forma de que se transmita al humano”, abunda Luis López Vargas, representante legal de Peluditos de la Calle, A.C. No obstante, esta desinformación asusta a la gente y sumado al desempleo, muchos animales han ido a parar a las calles, refugios, asociaciones o con rescatistas independientes; ninguno de los cuales tiene la infraestructura o los recursos suficientes para recibirlos a todos.
El abandono de mascotas, sin embargo, no es un tema nuevo. Los rescatistas independientes de SOS Patitas a Bordo indican que apenas han notado una variación respecto al año pasado, pues todos los días reciben muchas llamadas para solicitar su ayuda y rescatan a algunos perros -principalmente- que viven en situación de calle.
Saben que hay temporadas donde las adopciones disminuyen; por ejemplo, entre los meses de mayo y agosto que coinciden con el inicio y fin del ciclo escolar.  “Cada quien se hace cargo de poner el dinero para el cuidado. Con los perritos no me comprometo, los gatitos se adoptan más rápido”, dice su represente. En cinco años de experiencia, de las 200 adopciones concretadas, 140 han sido de gatos.
Tanto en Peluditos de la Calle como en SOS Patitas a Bordo procuran a los animales que llegan con ellos, les brindan atención médica: desparasitación, vacunas, esterilización; observan su comportamiento e incluso les enseñan algunas cuestiones básicas para su convivencia con las personas. Siempre, dentro de su capacidad de atención.
Una vez que los saben listos para tener una familia, difunden sus fotos en redes sociales para su adopción y siguen un estricto protocolo para saber si tendrán adoptantes aptos que les brindarán un hogar responsable durante todo su tiempo de vida.
A propósito, la activista Rossana López Barranco explica que el tema de las adopciones es complicado porque muchos buscan perros de raza y ellos son los primeros en ser adoptados; mientras que es difícil encontrar un hogar para los criollos o perros estigmatizados como el pitbull.
También ocurre con los perros que tienen algún padecimiento. “Tengo un perrito que llegó sano, pero al rescatar a una perra y sus cuatro cachorros que tenían moquillo, se contagió. Otra perrita murió, pero Prince se salvó, aunque quedó epiléptico. Tenemos tres años luchando con su enfermedad”, comenta la representante de SOS.
Es difícil colocar a perros como Sofi que son agresivos o a otros que han perdido sus extremidades en accidentes, porque nacieron así o producto de una enfermedad. “Este mes adoptaron una perrita con discapacidad, no tiene una patita. Yo la rescaté, tenía fractura expuesta de una semana y no se lo pudimos salvar. Una chica llegó a buscarla, pensó encontrar un perrito débil, pero cuando la vieron corriendo sin su bracito y que es cariñosa, se enamoraron más de ella… Son pocas las familias que adoptan a un perro especial, pero cuando lo hacen vale la pena y te impulsan. Si yo te contara, me han tocado adopciones fallidas y muy malos sabores de boca”.
Para el Dr. Francisco Becerra, es muy importante considerar que son una responsabilidad de 10 a 15 años según su calidad de vida, que requieren alimento, atención médica y un lugar apropiado para que no deambulen por la calle, se hagan daño o pongan en peligro a otros animales o personas.
Por ello, en las organizaciones ponen estrictos protocolos para garantizar una adopción exitosa; es decir, que no los devuelvan y lleven una buena calidad de vida. En el caso de las dos que nos concedieron una entrevista, hacen una verificación al domicilio para constatar que tenga un espacio adecuado para la mascota, conviven con quienes aspiran a ser dueños para saber si pueden y están dispuestos a asumir los gastos.
Una vez que cumplen, el animalito es entregado en el domicilio para una última verificación, donde los nuevos dueños firman un formato de adopción y una carta compromiso donde se detallan las responsabilidades que tendrán con el nuevo integrante de la familia.
“Sobre todo queremos garantizar el bienestar del animal a largo plazo. Eso es lo más importante porque puedes ser buen adoptante, pero si en un año te casas y ya no lo vas a querer, no tiene caso. Hay que ver que la pareja no desplace al animalito posteriormente”, comentan en SOS Patitas a Bordo.
“Me tocó una shar pei que di en adopción, le lloré porque estaba muy demacrada cuando la rescaté. Se veía que nada más la ocuparon para reproducción y la echaron a la calle. La esterilizamos. Cuando la di en adopción me prometieron cuidarla, estuvo dos años con ellos y me la regresaron flaca, enferma y de milagro la regresaron, incluso decían que no era de ellos... Cuando eso pasa, hay que volver a sacarlos adelante y ocupan el lugar de otro que podríamos haber ayudado”.
En este tipo de casos, es difícil emprender acciones legales; pues a pesar de la reciente reforma a la ley y a que ya pasaron mucho más de 180 días para su reglamentación en los ayuntamientos, esto no ha ocurrido y tampoco hay instituciones donde se pueda denunciar maltrato o la compra-venta irregular.
Tanto ellos como Peluditos de la Calle mantienen a los animales que no logran un hogar hasta que una enfermedad o la vejez se los llevan. Los cachorros suelen permanecer poco tiempo, pues se adaptan fácilmente; pero en los adultos hay que observar si son sociables con otras personas, con otros animales y sobre todo con niños.
“Nos interesa dar en adopción un perrito que, si el niño llega y le jala la cola, interprete que es juego. Imagínate si le jala la oreja y le avienta la mordida, nos vamos a meter en problemas legales. Buscamos que esté totalmente adaptado”, explica Luis López.
Pero no todos llegan a las asociaciones, muchos son arrojados a la calle o entregados a las autoridades sanitarias. “Nos regimos con Normas Oficiales Mexicanas -explica el Dr. Becerra-. La NOM 042 indica que debemos informar que la mascota queda en orfandad cuando la entregan, nadie se ocupa de ellos, y entrará en eutanasia. La NOM 033 señala que es a través de una sobredosis de anestesia. Aun sabiendo eso, los entregan”, lamenta.
Con las reformas aprobadas en 2019 a la Ley de Protección y Bienestar Animal, los rondines para captura han disminuido, refiere el doctor Pablo Mauricio Cruz Sánchez, director de Zoonosis Tlaxcala. Ahora, las tres unidades vehiculares destinadas a este fin sólo acuden ante una denuncia o el llamado de alguno de los 45 municipios que no cuentan con unidades de control animal.
Una vez ahí, permanecen entre 48 y 72 horas, como lo establecen los lineamientos; de lo contrario es peligroso, “como son animales que se rigen por una jerarquía, es importante para nosotros evitar peleas”, agrega el Dr. Becerra.
 Si alguien tiene sospecha que su mascota podría estar ahí, primero se le informa dónde ocurrió la captura y si se presume que puede estar ahí; lo separan de una jaula general a una individual donde permanece en observación. 
Para su devolución, se solicita a los dueños un comprobante de tenencia, cuyos datos deben coincidir con la cartilla de vacunación. Éste lo otorgan en los ayuntamientos y puede ser firmado por el secretario o los titulares de ecología, salud, protección civil o servicios públicos.
“Según la norma, si no se comprueba, no puede devolverse. Desde hace un año, cuando tomé el puesto, si se ve el interés del dueño y nos dice que no está vacunado, lo tenemos en observación para darlo como clínicamente sano y lo devolvemos vacunado. Esto evita que adquieran uno o dos perros más”, agrega Cruz Sánchez.
Aun así, son entre 300 y 350 animales (90 por ciento de ellos perros) los que van a eutanasia a la semana porque sus dueños los entregan o porque hubo una denuncia por agresión. Lo cual, cuesta cerca de 250 mil pesos al año a esta institución sólo para la compra de anestesia.
“La ley busca evitar que se sacrifique a los animales. De nuestra parte, estaría super bien porque es dinero tirado a la basura, se gastan más de 9 millones de pesos en todas las actividades”, señala. Por eso hacen lo posible por devolverlos a los dueños, trabajar campañas de concientización, vacunar y esterilizar como lo marca la ley. De hecho, en 2019 lograron 26 mil esterilizaciones, una cifra récord para la entidad; con cada una estiman evitar que 10 perros terminen en situación de calle.
Estas acciones contribuyen a evitar la propagación de enfermedades, principalmente la rabia; razón por la que mantienen en observación a los perros que llegan a morder a la gente y si los llegan a matar derivado del ataque, piden que se entregue el cuerpo para realizar un diagnóstico y descartar esta enfermedad.
Con todo ello, su trabajo tiende a ser rechazado por la sociedad, lamenta el doctor Javier Becerra. Incluso, llega a haber agresiones contra el personal médico y personal de captura, cuya “labor es esencial para evitar las agresiones. Los dos principales grupos agredidos son niños y adultos mayores, por esto son linchados en redes sociales e incluso dicen que deben aparecer muertos. Desafortunadamente en otros estados ha habido muerte de médicos”.
A pesar de ello, mantienen su actividad y aunque ha disminuido durante la contingencia, aún reciben a mascotas para vacuna; pues será en unas semanas más cuando retomen su actividad con normalidad.
El doctor Jesús Díaz, quien funge como enlace con municipios, asociaciones y rescatistas independientes, destaca que el trabajo conjunto les ha permitido tener un mayor impacto. No obstante, han reforzado los trabajos de concientización con niños desde preescolar hasta adultos, a fin de promover dueños socialmente responsables.
Por lo que respecta a la esterilización, manifiesta que lo común es que, por cada 10 cirugías de perros, nueve son de hembra y una de macho; pero estima que podrían tener un efecto mayor si se esterilizara a los machos, pues son quienes están disponibles para apareamiento todo el año, mientras que las hembras sólo dos veces.
Estas cirugías, dice, las pueden realizar a partir de los dos meses de edad, con un ayuno previo de 12 horas; lo hacen con un método poco invasivo y con una cuota de recuperación de 100 pesos, cuando de manera particular puede costar entre 600 y dos mil 500 pesos.
Para ellos, lo principal es promover una tenencia responsable y lograr que el recurso destinado para el control de la rabia y animales en situación de calle pueda ser utilizado para lograr un verdadero bienestar animal que vaya a la par de la salud pública.
Más allá de una vida sacrificada, de la exposición a enfermedades, accidentes y a una precaria calidad de vida para los perros y gatos que son arrojados en la calle; también llegan a padecer afectaciones a su personalidad, comenta la representante de SOS, “se vuelven temerosos, se ponen tristes; los gatos olvidan, pero les cuesta integrarse; los perros de la calle temen a la gente, pero se vuelven agradecidos cuando se les rescata”.

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