Por Zurya Escamilla Díaz (abril 2020) Este lunes, se cumplen cinco semanas desde que iniciaron las primeras medidas de contención por el Covid-19 en México y aunque fue el 24 de marzo que se decretó el inicio de la Fase 2; en Tlaxcala las medidas habían iniciado desde ocho días antes con la suspensión de actividades escolares.
Las autoridades sanitarias han hecho hincapié en que el aislamiento domiciliario voluntario es la forma más efectiva de contener la propagación de contagios y, con ello, de evitar que el sistema de salud colapse por la saturación de demanda. Sin embargo, no resulta fácil para todas las personas permanecer en sus hogares, pues ello afecta directamente sus ingresos (recordar que la informalidad laboral en Tlaxcala es del 68.2 por ciento) o bien porque sus actividades son indispensables para los demás.
Personal que labora en restaurantes, tiendas de abarrotes, en el transporte público, en farmacias, en refaccionarias; así como médicos, enfermeras, médicos veterinarios y periodistas son algunas de las personas de quienes se requiere en esta contingencia para comprar alimentos, trasladar tanto gente como mercancías, atender emergencias de salud y mantenernos informados.
En “La Comilona” trabajan seis personas, es un negocio pequeño con dos años de existencia que prepara comida para llevar y para entrega a domicilio. Su dueña, quien decide reservar su nombre, comenta que mantiene su actividad “porque es un servicio básico de alimentos”.
Por supuesto, agrega, les preocupa continuar con su labor en medio de la contingencia; pero hace lo necesario para cuidar de sí, de su personal, de su familia y de los comensales. “En el negocio tenemos todas las medidas de higiene: cubrebocas, cofia, mantenemos la distancia con clientes y hemos colocado mesas separadas para que no estén en contacto. También contamos con entrega a domicilio para la tranquilidad de nuestros clientes.”
Detrás del mostrador hay un gran pizarrón con nombres y pedidos anotados: una, dos, tres porciones, según el tamaño de la familia; las mesas lucen vacías y así han estado en las últimas semanas. Por otro lado, “ha incrementado mucho la venta con entrega a domicilio y la venta de comida para llevar. Ha cambiado un poco la dinámica y tuvimos que integrar a una persona más para hacer las entregas; mientras que la persona que está aquí ha disminuido su actividad porque la gente viene cada vez menos”, concluye.
Este negocio es similar a otros 76 que hay en toda la entidad para atender la demanda de alimentos preparados de toda la población, con servicio a domicilio o para llevar.
También está la señora Graciela Vázquez Pérez, quien vende pollo fresco desde hace ocho años. A pesar del miedo que dice sentir y percibir cada más entre sus clientes, continúa con su actividad “porque si no trabajo, no como”.
En todo el estado hay mil 181 pollerías según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Hasta el momento, dice Doña Graciela que el precio del pollo no ha aumentado y estima que incluso baje el costo.
No obstante, sus ventas han disminuido entre 20 y 30 por ciento, lo que atribuye al temor que hay entre la gente. “Esperemos en Dios que no nos tengan que cerrar nuestra fuente de trabajo porque si no de qué vamos a sobrevivir.” De él y una reparadora de calzado dependen cuatro personas: ella, su esposo y sus dos hijas.
Por lo que respecta a los servicios de veterinarios, INEGI registra 144 establecimientos en todo el territorio tlaxcalteca. Para el Dr. Israel Montes Hernández, continuar con su actividad es relevante “porque nosotros como médicos no solo nos fijamos en especies pequeñas, sino que también procuramos el bienestar de las personas, sabemos que hay muchas enfermedades que se transmiten al humano, llamadas zoonosis y cuando es al revés, antropozoonosis.”
Rabia, enfermedades parasitarias, bacterianas y hongos son algunas que se pueden transmitir a los seres humanos y “lamentablemente afectan más a niños que a adultos porque muchas veces no tienen el cuidado necesario al jugar, darles de comer o lavarse las manos”; además, el área de urgencias y vacunas se mantiene activa, aunque algunas de éstas pueden ser reprogramadas.
Con relación a las estéticas y baños, el médico comenta que no pueden contemplarse como urgentes; pero reconoce que, al estar en casa, las personas suelen darse cuenta de que sus mascotas están muy sucias o tienen pulgas, por lo que se puede justificar.
Para él, es habitual mantener la higiene: usar cubrebocas, limpiar y desinfectar tanto las áreas como el instrumental, lavarse las manos. Cuando llega a casa, deja sus cosas siempre en el mismo lugar donde nadie más las toque, se asea y ya puede saludar a su esposa.
“Además, estoy haciendo una lista donde anoto el nombre de la persona, el número de personas que le acompañan y el horario en que llegaron. Si en algún momento tuviera que seguirse el rastro de alguien, incluso el mío, tengo esa información”.
Ni el médico, ni doña Graciela o el personal de La Comilona han recibido hasta el momento indicaciones de las autoridades; todos ellos comentan que saben las medidas de sanidad por lo que se difunde en medios de comunicación masiva y redes sociales.
Tampoco José Oriol Pérez Rojas ha recibido indicación alguna. Él atiende -desde hace 12 años- una de las 11 mil 872 tiendas de abarrotes que hay en la entidad. Pese a no contar con información directa de las autoridades, mantiene la higiene necesaria para vender productos alimenticios, “siempre debe estar limpio el negocio y nosotros debemos lavarnos las manos constantemente y aseamos la estantería o utensilios para despachar.”
Sin embargo, con los clientes es diferente. “Falta tiempo. Hay gente que viene con cubrebocas como que cumplen la cuarentena, pero como no tengo restringido el acceso, se amontonan y no respetan a las personas que llegaron primero, a los menores de edad. Es una medida de educación y cultura. Es un poco complicado. Yo creo que será a medida que vayamos entendiendo y respetando a los demás.”
Manifiesta que también procura mantener una alimentación saludable, dormir lo necesario, “trato de ser positivo, meditar y respirar profundo”; pues sabe que hacerlo también le ayuda a prevenir enfermedades y a sobrellevar la emergencia.
Como las anteriores, su trabajo es de primera necesidad porque “las personas tienen que buscar los insumos para su alimentación diaria; además de que hay cinco personas que dependemos de las ventas. De ahí vivimos.”
Sabe que giros como el suyo funcionarán hasta la cuarta etapa, “hasta que pase lo peor tendremos abierto porque las cadenas grandes ya están con poca mercancía o limitan las compras. La gente viene a surtirse a negocios como el mío que les quedan cerca de casa y eso contribuye a que no se desplacen. Por eso no me preocupa, creo que voy a estar en la raya.”
Por esto mismo, mantiene a su clientela habitual. Aunque notó un incremento en el flujo de personas cuando se anunció la Fase 2, ya que muchos salieron a buscar comida enlatada, granos y productos de limpieza. De igual forma, ha aumentado la compra de cítricos, comida chatarra y bebidas azucaradas. “Creo que eso no nos da una buena nutrición ni defensas para cualquier enfermedad, pero son las que más se venden.”
Justamente, fueron los granos los primeros en los que notó el desabasto debido a que son alimentos que resisten más tiempo. También dejaron de abastecer bebidas alcohólicas, aunque los consumidores no dejaron de buscarlas.
Sobre los precios: “han aumentado todos, al principio los de limpieza y ni se diga de los cubrebocas. Después, los granos y enlatados. Algo curioso, las sopas instantáneas, que no ayudan a la salud, fueron las primeras en subir.”
Finalmente, nos dice “esto que está pasando lo está viviendo cada uno según forma de vida y de pensar. Espero que sea una etapa para aprender que dentro de lo negativo también hay muchas cosas positivas. Espero que seamos más solidarios, más conscientes.
Vivimos en un mundo de muchas tragedias, más que esta pandemia. Estamos en una crisis de calentamiento global, desnutrición, muerte por hambruna, enfermedades mucho más peligrosas. Ojalá podamos aprender a valorar nuestra salud, nuestro cuidado, nuestro cuerpo que es lo más importante y el respeto a los demás.”




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