Editorial
Los partidos políticos siempre encuentran una y otra forma de poner peros para la participación política de las mujeres, pues aunque en el discurso se dicen comprometidos e incluso pioneros con incluirlas en la postulación de candidaturas; pero cuando llega el momento real, no falta una objeción y cada proceso electoral es así.
El argumento vertido en el Consejo General del Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE) sobre la autodeterminación interna ha sido recurrente en el pasar de los procesos electorales; pero en su libre determinación, la realidad es que a lo largo de la historia han buscado una y otra vez la forma de relegarlas de los espacios de toma de decisiones y dejarlas en aquéllos que menos les interesan. Nunca fue un problema que hubiera un sesgo de género en favor de los hombres, pero sí molesta cuando existe la posibilidad de que sea a la inversa.
El reclamo ya no vale en la mesa del Instituto cuando los propios partidos políticos no han mostrado interés en presentar las reformas legislativas para reglamentar las acciones afirmativas y establecer normas claras sobre la postulación no solo de mujeres; sino de personas de la diversidad sexual, migrantes, juventudes, personas con discapacidad.
Respecto a la auténtica representación de las mujeres por aquéllas que llegan al cargo, el que aún haya deficiencias legislativas y en políticas públicas a favor de este sector de la población es también una muestra del poco interés en la formación con perspectiva de género para todas las personas que postulan a cargos públicos porque responder no es responsabilidad exclusiva de las funcionarias, también lo es de los hombres que ocupan espacios de poder.
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