Editorial
La forma en que los medios de comunicación decidimos abordar determinados temas, pero también la manera en que lo hacen autoridades, investigadores, activistas, tiene un impacto muy importante en cómo la sociedad los percibe; si bien es cierto que cada quien procesa la información con base en su propio trayecto de vida, hay una responsabilidad que no se debe eludir respecto a las narrativas que tomamos respecto a cierto tema.
Así lo muestra la investigación que realizan en la Universidad Autónoma de Tlaxcala, junto a otras tres universidades, respecto a la resiliencia de la población en Tenancingo (y a la que se sumarán otras tres ciudades del país) frente al estigma de la trata de personas; el cual pesa contra pobladores que nada tienen que ver con el tema.
Desde la Secretaría de Cultura federal, a través del programa de Semilleros Creativos, se ha hecho un esfuerzo para incidir en la comunidad; sin embargo, destaca lo expuesto por el equipo de investigación respecto a que el estigma puede ser una limitante al momento de buscar empleo, pero también un motivo de aislar a jóvenes que cursan sus estudios en otros municipios e incluso ha sido motivo de rechazo para personas que migran a Estados Unidos, ya no solo de ese municipio, sino de todo el estado.
La labor que tenemos los medios de comunicación en todos los temas debe abonar a la construcción social, a visibilizar problemas y buscar alternativas. Las narrativas que contribuyen a estigmatizar a sectores o poblaciones, ¿a quién le sirven si partimos de la idea de que el periodismo es -ante todo- un servicio? Lejos de encontrar alternativas para los problemas, pueden generar daños colaterales, de los que es necesario responsabilizarnos.
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