Editorial
Los procesos electorales son una oportunidad para el diálogo entre la población (no solo la ciudadanía) y quienes aspiran a representarles o gobernarles. Más allá de la tradicional campaña o de algunas cuantas voces que se alzan en esa coyuntura, las etapas previas a la jornada electiva abren la puerta a discutir qué queremos como sociedad y que esperamos.
En este sentido, la integración de agendas ciudadanas -ahora la de personas migrantes, pero también la de otros sectores de la sociedad- requieren tanto la consulta como la discusión y sobre todo la voluntad de que alguien las represente en el servicio público.
Quienes decidan respaldarlas, firmarlas, adoptarlas deben hacerlo con plena conciencia de que esto conlleva una responsabilidad de darle seguimiento; porque muy fácil es sumarse a propuestas -como ocurrió en 2021- para después ignorar los reclamos de quienes piden asumir el compromiso.
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