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Zurya Escamilla Díaz (Tlaxcala, 10 de marzo de 2021) El reconocimiento de las mujeres y de las desigualdades que enfrentan en el espacio urbano es clave para reivindicar sus derechos, coinciden activistas y urbanistas.
Durante la presentación del diagnóstico territorial con perspectiva de género Las mujeres toman las calles, elaborado por la Asociación Mexicana de Urbanistas (AMU) en Tlaxcala, se habló sobre el número de vialidades que llevan nombres de mujeres y se presentó la propuesta para incrementarlo.
A propósito, la maestra Herminia Hernández Jiménez, representante de Constitución Violeta y Mujeres Organizadas de Tlaxcala, indicó que el urbanismo no es neutro, sino que se ha construido como un espacio patriarcal que reproduce ciertos valores. Por ello, se impulsa un urbanismo feminista que ponga a las personas en el centro de las decisiones y enfatizó que no es suficiente con reconocer cómo el entorno afecta de manera diferencia a hombres y mujeres; sino hacer conciencia sobre la exclusión histórica que viven las mujeres.
Abundó que esa exclusión se traduce en desigualdades y violencia; por lo que en las manifestaciones han adaptado la medida de colocar pegantinas para cambiar simbólicamente la nomenclatura de las calles por aquéllos de mujeres en quienes se sienten representadas, pero también de quienes han sido asesinadas.
Concluyó que el hecho de no contar con calles que lleven nombres de mujeres contribuye a generar imágenes específicas sobre quién merece ser recordado y reforzar estereotipos.
Antonio Atempan Tuxpan, representante de AMU Tlaxcala, detalló que el diagnóstico muestra que únicamente el dos por ciento de las vialidades en la entidad cuentan con nomenclatura asociada a una mujeres, mientras que el 17 por ciento están asociadas con hombres, 38 por ciento más se refieren a fechas o eventos, y 38 por ciento no tienen nomenclatura. Por ello, su propuesta es que este último porcentaje da margen a que se puede incrementar a, por lo menos, 17 por ciento, las calles con nombre de mujer.
Precisó que Tlaxcala es el municipio con mayor número de calles nombradas por mujeres, pero representa sólo el 0.20 por ciento de la totalidad de vialidades en el estado con esta característica; le sigue Apizaco con 0.13 por ciento y Santa Cruz Tlaxcala con 0.11 por ciento. En tanto que municipios como Benito Juárez, Emiliano Zapata y Santa Cruz Quilehtla no tienen calles asociadas a este sector.
Agregó que los nombres más recurrentes son Josefa Ortiz de Domínguez que se repite en 99 cuadras de la entidad; Malintzi en 63; Victoria en 52; Corregidora en 50; Leona Vicario en 30; Sor Juana Inés de la Cruz en 16. En consecuencia, Atempan Tuxpan agregó que se podrían utilizar nombres como María de la Luz Aranda, asociada con la familia titiritera; María Antonieta Bretón de los Herreros, tlaxcalteca y esposa del primer presidente de México: Guadalupe Victoria; Paulina Merever y Delfina Nava García por su participación en los albores de la Revolución.
Por su parte, la maestra Geovanny Pérez López, en representación de la Red de Abogadas Feministas y el Centro de Estudios y Desarrollo Humanista de Tlaxcala (CDHUT), recalcó que nombrar a las calles por mujeres las visibiliza y se pronunció por adaptar las nomenclaturas no sólo en torno a mujeres que la historia desde una perspectiva patriarcal reconoce, sino a quienes forman parte de lo que no se cuenta.
Abundó que nombrar reconoce la existencia de las mujeres e implica un cambio cognitivo para ampliar la visión de la diversidad que existe, del cómo vivimos y gozamos los espacios donde nos desenvolvemos. En consecuencia, la propuesta de dar más nombres de mujeres a las calles resignifica la historia, reivindica el derecho de este sector a la ciudad y debe traducirse en políticas públicas en su beneficio.
En este sentido, Juan Kaye López, presidente nacional de AMU, resaltó que es preciso trabajar en torno a ciudades con perspectiva de género; puesto que las mujeres representan el 50 por ciento de la población en el país y dado que las ciudades han incrementado sus índices de pobreza y desigualdad a causa de la expansión territorial que no siempre va aparejada de los servicios básicos.
Expuso que esta situación afecta en mayor proporción a las mujeres en sus necesidades de espacio, acceso a servicios y movilidad. Por ello, reiteró que el territorio no puede impulsarse sin perspectiva de género, puesto que eso implicaría resolverlos a medias y que sean disfuncionales; además de aceptar la violencia que atenta contra la democracia.

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