Zurya Escamilla Díaz (Tlaxcala, Tlax., 30 de marzo de 2020) Ante la contingencia generada por el Covid-19, México avanza aún sin capitán o, lo que es peor, pese al actuar errante de quien debiera dar rumbo a este barco.
La nave avanza, sorteando las tormentas, porque la tripulación ha sabido mantenerse a la altura: gobernadores, empresarios y sociedad civil (por lo menos una parte importante de ella) que se ha anticipado a poner en macha medidas de prevención para evitar que nuestro de por sí frágil sistema de salud colapse.
A casi la mitad del periodo de cuarentena establecido por el gobierno federal, el timón -a manos del Dr. Hugo López-Gatell- ha logrado sortear las dificultades (incluso aquellas generadas por el propio mandatario) y aunque el número de contagios incrementa -de forma inevitable- día con día, aún se mantiene el control sobre los casos que podrían ser graves.
Esto, por supuesto, no ha sido sólo trabajo de quienes conducen el gobierno de México, sino de quienes en las entidades han sabido prever y actuar con responsabilidad.
Para muestra, el gobierno de Tlaxcala que logró retrasar durante 27 días el contagio y hasta el momento sólo se conocen cuatro casos confirmados. ¿Hacen falta más pruebas? Por su puesto que sí y también hace falta que sigamos el exhorto de permanecer en casa el mayor tiempo posible.
Como en la columna pasada, reitero la importancia de cumplir con nuestro deber como parte de una sociedad y atender las indicaciones de distanciamiento físico con los demás, así como las medidas de higiene para que podamos llegar a feliz puerto (como parte de este barco) al término de la cuarentena.
A propósito, en Ecuador ya se observan los resultados de no cumplir con esas recomendaciones (obligaciones), de la falta de atención de su gobierno y de la irresponsabilidad de sus ciudadanos. No es necesario que lleguemos a tanto, para recordar las palabras de López-Gatell "ésta es nuestra última oportunidad".

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