Guillermo Emmanuel Pérez Ramírez (Tlaxcala, 11 de junio de 2019) Es la noche del 24 de febrero de 2013, Jack Nicholson se encuentra sobre el escenario, no luce precisamente incómodo; habla y actúa de la forma que esperamos, hace de él mismo, otra vez.
La revelación del gran premio se acerca, Mr. Nicholson está ahí para anunciarlo, sin embargo, se guarda una pequeña sorpresa, no estamos solos, tenemos una invitada: la lista de nominados será pronunciada por la primera dama de los Estados Unidos de Norteamérica, Michelle Obama.
Aplausos. Una pantalla se deja caer sobre el escenario, coronándolo; los cientos de delgadas líneas de luz dorada que componen la decoración combinan maravillosamente con el plateado vestido de nuestra invitada.
Rodeada de un reducido número de oficiales, Mrs. Obama nos cuenta sobre la capacidad que tiene el cine (y sus historias) para ayudarnos a encontrar el coraje necesario para creer en nosotros mismos, más aplausos.
Saltemos hacia el futuro unos segundos, podemos hacerlo, llegamos al ganador: Argo, una película sobre una unidad especial de la CIA que consigue rescatar a un grupo de diplomáticos norteamericanos en una situación de rehenes en Irán a finales de los 70´s.
Lo divertido de todo esto es que en la trama de la película (inspirada en hechos reales), los agentes del gobierno americano logran salirse con la suya utilizando una treta ingeniosa: se hacen pasar por productores de Hollywood queriendo hacer una película exótica de ciencia ficción, la magia del cine a tope. Se cumple el objetivo. Aplausos finales, nos vamos todos a casa.
II
Los productores de Spotlight se abrazan, han ganado el premio a la mejor película en la 88° ceremonia de los premios Óscar.
Las luces del teatro Dolby se encienden, el show terminó, los créditos comienzan a surgir en la pantalla, pero está vez hay algo distinto, el tradicional y discreto acompañamiento instrumental que musicaliza todos los años el cierre de la premiación está ausente, en su lugar, estalla un estrepitoso y fuerte ritmo, marcadamente funky, adornado con diversos scratchs de tornamesa; por encima de la base rítmica resuena la voz Chuck D secundada por Flavor Flav, la consigna es clara cuando llega el coro: “Fight the power, Fight the power, We’ve got to fight the powers that be”.
La canción emblema de Public Enemy, que a su vez es el tema principal de la película “Do the Right Thing” de Spike Lee, sonoriza las momentos finales de la máxima gala en la industria del entretenimiento mundial, el Óscar. Una escena de BB-8, el robot de Star Wars, logra colarse a segundos de la pantalla negra.
La premiación del 2016, a la cual corresponde el escenario que acabo de narrar, estuvo marcada por la crítica y la controversia: por segundo año consecutivo, la Academia de Ciencias y Artes, no había nominado a ningún actor ni actriz afroamericana dentro de las categorías principales.
La larga y penosa historia del racismo y la discriminación en los E.U.A. se abrió espacio en la esfera más alta de la cultura pop. tratando de enmendar su falla y de reconocer los aportes de las comunidades afroamericanas a la industria del cine, la Academia les hace un guiño a su historia utilizando “Fight the power”, bueno, no toda Fight the power.
Mientras suena la canción y las luces y vestidos brillan en la pantalla, los versos más duros, aquellos que directamente aluden a Elvis y John Wayne llamándolos racistas, se acercan. Viene la parte donde Chuck D, habla sobre la invisibilización de sus héroes, ninguno aparece en las estampillas del correo.
Ya viene, unos cuantos segundos y entonces… nada, la trasmisión se cierra. La pantalla negra. Se acabó, hicimos lo que debíamos, cuenta saldada. Vamos a casa.
III
Y así, una y otra vez, nuestros dilemas más profundos y los problemas más complejos se pasean aireadamente en las pantallas que hemos creado para mantenernos entretenidos, seguros de que su obviedad los cubrirá.
Demasiado seguras de que su discusión pertenece a campos más elevados, el canto de las sirenas se esconde en el clamor de la estática que producen nuestros aparatos electrónicos. Es reconfortante saber que siguen ahí. Que seguimos acompañados.
IV
Michelle Obama apareció sorpresivamente en la ceremonia de los Grammys de este año. No fue la nota que se esperaba, St Vincent se robó el show.

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