Karen Sharon MArtínez Velázquez (Tlaxcala, 18 de junio de 2019) En una época donde la principal organización a nivel mundial es el modelo económico neoliberal, a consecuencia de la cual millones de habitantes del Norte, Sur, Este y Oeste sufren privaciones excesivas, los mercados de trabajo se segmentan y a menudo se polarizan.
Es decir, las principales empresas a nivel mundial se establecen en territorios donde pueden obtener mano de obra barata o que, como es el caso de México, puedan despojar o abusar del territorio sin enfrentar grandes consecuencias. ¿Cuántas mineras canadienses y Chinas podemos encontrar en nuestro territorio nacional?
También en términos de concentración tecnológica (y de capital desde luego) se reserva para un solo sector y solamente ciertos países se mantienen en la punta. ¿recuerdan la reciente pelea entre China (Hawei) y E.E.U.U (Apple)? ¿México podría interpretar el papel de China en una pelea contra Estados Unidos? ¡Por supuesto que no! Y no tiene que ver nada con la capacidad intelectual de sus habitantes para fabricar sistemas operativos etc., sino con el recurso tecnológico que se tiene a disposición o no.
En la industria automotriz sucede lo mismo, México es buena mano de obra, fabrica piezas, ensambla, pero la tecnología real se hace en Alemania o de donde provengan las empresas. Estos ejemplos sirven para clarificar el rol que a partir de la economía juegan los países. Mayor tecnología y economía les asegura un lugar privilegiado para opinar en todos esos encuentros “mundiales” que buscan crear estrategias económicas para sus países y mercados, pero ¿valdrá lo mismo la voz de Estados Unidos que la de Ecuador? ¡De nuevo, no!
¿Qué provocan estos escenarios? La concentración de riqueza en determinadas zonas y países sirven casi como embudo, a través del cual los inmigrantes de las zonas rurales, los desplazados o despojados de sus tierras, los pobres, o aquellos que pertenecemos a los mal llamados países subdesarrollados, son canalizados a mercados específicos, que se caracterizan por bajos salarios o trabajo precario, con pocas garantías y nulos o escasos defensores, ¿alguno (a) de ustedes seguro conoce a alguien de aquí mismo que se va a trabajar cada determinado tiempo de jardinero, cocinero, lava trastes, mucama, niñera, etcétera a otro país? Seguramente sí. ¿Ven que es real esta situación?
Que estas diferencias sean también diferencias raciales y culturales ¿serán casualidad? Por supuesto ¡QUE NO!. Rodolfo Stavenhagen en su artículo racismo y xenofobia en tiempos de globalización, nos explicaba, ya en 1994 que: la división del trabajo, presentes en las sociedades industrializadas como en las llamadas sociedades “en vías de desarrollo”, prepara el terreno para la “racialización” de las relaciones sociales y económicas (…) estos grupos se desarrollan en realidad socialmente dentro de un sistema dado de relaciones económicas y políticas”.
Es decir, las relaciones económicas y de clase se han condicionado en un proceso histórico que lamentablemente se ha limitado a perpetuarlo en espacios o en territorios específicos, dicha especificidad también otorga características específicas a sus habitantes.
¿Un tlaxcalteca comparte características físicas con un habitante de Sonora? ¡No! ¿Es el mismo nivel económico y de desarrollo de Monterrey al de Tlaxcala? ¡No! Así funciona la concentración de actividades y servicios.
¿Preferiría que sus hijas o hijos estudiaran en la UNAM o en la UATx? Esa es otro tipo de inmigración, la estudiantil. Pero sigamos con la racialización. Supongamos que su hija o hijo de Tlaxcala va a estudiar a Monterrey ¿le gustaría le miraran feo por su tez morena, estatura e incluso complexión? ¡No!
Pero algo aquí es interesante, el papel que juegan “nuestras” (jaja como si lo fueran) instituciones, en especial las gubernamentales.
Stavenhagen dice también: “Una de las características del racismo moderno es precisamente que, para que una ideología racista prospere, no es necesario que exista una "raza". De hecho, la biología humana nos asegura que las razas no existen. La ideología racista crea la raza al identificar como tal el grupo o grupos que se convierten en objeto de su atención. (…) también es cierto que la xenofobia sólo puede desarrollarse en un contexto de racismo institucionalizado. Interesante ¿no?
Pero para que quede claro ¿Qué significa xenofobia? La CEPAL nos dice que es la “discriminación se transfiere al otro-extranjero, sobre todo si no es blanco y migra desde países caracterizados por una mayor densidad de población indígena, afrolatina o afrocaribeña. La xenofobia se exacerba si aumenta la masa de desplazados entre fronteras, sea por razones económicas o expulsados por conflictos bélicos; y sobre todo si las migraciones internacionales presionan sobre mercados laborales ya restringidos en los países receptores” ¿Les suena familiar?
Un Trump condicionando aranceles, centroamericanos buscando mejores condiciones y una institución gubernamental (un ayuntamiento de Tlaxcala) financiando mallas que, según informantes de la misma comunidad, las y los vecinos se organizan porque aspiran a que sea una barda y no una malla.
El pasado diez de junio el Ayuntamiento de Apizaco colocó “a petición de las y los vecinos del Albergue la Sagrada Familia” una malla que, a no ser por una pequeña puerta impide el acceso a dicho espacio. Si hacemos caso de lo que hasta aquí se ha expuesto, ¿Cuál sería una correcta lectura de lo que ha pasado? ¿será que nuestro ayuntamiento ha olvidado o ignorado lo hasta aquí expuesto? ¿será que no hubo espacio que permitiera la reflexión de la petición, que le permitiera observar cual era el mensaje simbólico que se mandaba? ¿Qué sucedió?
El mensaje xenófobo ha sido captado, pues existe el rumor de que las y los vecinos planean ahora una barda, pues se ha visto que la malla fue no solo permitida sino pagada con recurso del erario, ¡es legítima! Y esta justificada.
En definitiva, gobernar y dirigir un municipio con peculiaridades como las nuestras no debe ser sencillo, y por eso, no deben tomarse las decisiones a la ligera, sin pensar en el mensaje simbólico que se envía, justificando conductas racistas, xenófobas y hasta clasistas con el argumento de la seguridad, que dicho sea de paso no depende de las y los migrantes que están de paso, la misma comunidad es una zona bien identificada, como muchas otras, con altos niveles de drogadicción y delincuencia.
Sería interesante revisar las estadísticas que el director del albergue tenga de denuncias por robo, etcétera, cometidas por inmigrantes y cuantas por las y los habitantes de esa zona. Reflexionemos antes de actuar y apoyar medidas desafortunadas.

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